Hoy fui al gimnasio y, como todo los días, tuve que esperar que alguien me abriese la puerta pues no tengo como entrar. Cuando pego mi cara al cristal, para ver hacia adentro, veo a un viejo utilizando la caminadora a quien gesticulo para que me abra la jorobada puerta; adivina que hace el imbécil, me dice que lo espere que está caminando. O sea, ¿en serio? Si fuera al revés, paro de caminar y le abro la puerta, pero no, el señor me hace esperar como 5 minutos hasta, según creo, me cogió pena.

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