¡Extraño mis pañales! Estaba hablando con una de mis mejores amigas y ambos extrañamos nuestros pañales… ¿Cuándo se tornó tan complicada la vida? Ay mi madre, según las películas, historias, etc., la vida de nuestros padres no eran TAN complicadas; ahora tenemos que tomar decisiones que pueden cambiar nuestra vida, casi a diario. ¡Vamo’a pará en loco!

Creo que el lío comienza cuando entramos en bachillerato, secundaria o como quieras llamarle (el caso es que son los últimos 4 años de la escuela o colegio) y nos vemos enfrentados con la decisión de qué carajo queremos estudiar en la universidad, si es que nos decidimos por ir -nota como es una decisión que nos afectará directamente nuestro futuro. Aquí comenzamos a cultivar ese miedo de “mierda, si me equivoco me voy a atrasar” o el de “no me quiero quemar”, es un problema…

Antes habían como 2 carreras y ahora tenemos 700 y 5,000 especialidades -no es malo, pero como complica el asunto-, entonces tenemos que pasar por todo el proceso de eliminación de las demás carreras y de selección de las pocas que nos interesan o, francamente, no nos aburren hasta más no poder. Sólo me pongo a imaginar la confusión que esto puede causarle a algunas personas… No, no fui de los que tuvo suerte y eligió la carrera que le gustaba en el primer intento, sino en el segundo.

Después de que decidimos qué carrera queremos estudiar, ahora hay que elegir la universidad (la cosa se complica si tienes la posibilidad de irte al extranjero a estudiar)… Primero pensamos cómo es el campus, después cómo son las personas, el plan de estudios… Anda el diablo.

Por cosas así me dan ganas de llorar, jajaja.

Sin lugar a dudas, la vida se ha complicado más, todo va más rápido, cada vez, con menos tiempo para respirar, debemos tomar una decisión; sin embargo, tenemos más oportunidades (para meter la pata, para ser un héroe, un cobarde, etc.), así que carpe diem, quam minimum credula postero.

No importa cuantos intentos tome hacer las cosas bien, o tomar la decisión correcta, no te des por vencido; más vale levantarte la milésima vez y lograrlo, que rendirte la décima vez porque, claro, es la décima vez.

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