¿No parece gracioso que las decisiones más fáciles de tomar (en teoría) son las que, en el momento de la verdad, las que les damos más vueltas para tomar a pesar de que sabemos que queremos hacer? ¿Por qué será?

Hay muchos factores que pueden determinar que nos vayamos por una opción o por la otra, uno de ellos puede ser la “opinión pública”, lo que opinan los demás si hacemos alguna que otra cosa. Que joder es vivir en un mundo donde todos nos juzgamos, pero… Hemos de aprender a vivir con eso.

Me he percatado, por experiencia propia y por lo que he visto a algunas personas pasar, que las opiniones de los demás influyen de una manera casi inconmensurable, en nuestras decisiones. ¿Es que no sabemos ser individuos no influenciables? No, no podemos, no sabemos serlo; francamente es casi imposible (a menos que sea una decisión tomada por rabia o irracionalidad, ya que el nivel de adrenalina en nuestra sangre nos desinhibe al momento de decidir), si alguien nos importa, pues lo que opine de nuestra elección, ya que, por una razón o por la otra, vamos a querer saber que piensa.

Entonces, ¿estamos condenados a tener que tomar las decisiones atados a los pensamientos de los demás? Como en todo en la vida, es tu decisión. Tan simple como eso.

¿El miedo debe privarnos de no tomar una decisión? Aunque no debería, puesto que las nuestras decisiones deberían ser, en su mayor parte, racionales, ya que, si estas son tomadas emocionalmente, pues lo más probable es que no sea lo más recomendado y esta no tendrá consecuencias positivas.

Entonces, ¿cómo y cuándo hemos de tomar nuestras decisiones? Considero que hemos de tomar nuestras decisiones, si es posible, cuando encontremos la posibilidad de ponderar las consecuencias de las distintas opciones, si no es posible, entonces tenemos que dominar nuestras emociones para que no nos conduzcan a tomar una “porque sí”.

Difícil, lo sé; sin embargo, si todo fuera fácil, la vida no sería muy divertida, ¿o sí?

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