Usualmente tengo muchas cosas que decir, sin embargo, cuando me siento a escribir, mi mente se pone en blanco. ¡Una cruda realidad! Creo que tengo que comenzar a escribir mis ideas en una hoja de papel, así tendré temas sobre los cuales escribir.

¿Me estaré volviendo bruto? No creo, supongo que es el trajín del día a día que hace que mis (fantásticas, jeje) ideas se vayan volando.  ¿Con qué las amarro? No tengo idea, el tiempo dirá si una cuerda regular es suficiente o si tengo que andar con una libreta de anotaciones para rubricar lo que se me antoje antes de pasarlo aquí.

¿Desde cuándo el estrés ha sido capaz de hacernos olvidar cosas? ¿Nos deberíamos estresar tanto? Coger las cosas “suave” sería la solución para los que nos estresamos por cualquier razón, empero, esto se confunde con facilidad con “soltar en banda” lo que estemos haciendo y hemos de retomarlo cuando queramos. ¿Significa eso realmente? Claro que no significa eso; sí, hemos de tomar las cosas con calma, un paso a la vez, pero no aplazar aquello que podemos realizar en ese momento, sino tomar control de la situación (a pesar de que hay cosas que no podemos controlar) y trabajar de una manera que nos permita estar cómodos y terminar con nuestra asignación.

Supongo que la vida de hoy en día no es tan complicada como parece, sino que nos dejamos envolver en las pequeñeces y nos embrutecemos; cojámoslo con calma, el mundo no se va a acabar si nos tomamos un respiro (un breve descanso, no dormirnos en nuestros laureles).

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