Hoy fui al gimnasio y, como todo los días, tuve que esperar que alguien me abriese la puerta pues no tengo como entrar. Cuando pego mi cara al cristal, para ver hacia adentro, veo a un viejo utilizando la caminadora a quien gesticulo para que me abra la jorobada puerta; adivina que hace el imbécil, me dice que lo espere que está caminando. O sea, ¿en serio? Si fuera al revés, paro de caminar y le abro la puerta, pero no, el señor me hace esperar como 5 minutos hasta, según creo, me cogió pena.

Para mí el colmo no fue eso, sino que el pana se ponga a hablar mierda sobre que no le dije gracias. ¿Cómo carajos piensa escuchar lo que dije si tiene unos jodidos audífonos en los oídos? ¿Me estás jodiendo? Yo, bastante irritado, le digo que sí le dije gracias.

El caso es que el viejo se pone a hablar con otro viejo que llega ahí sobre que los jóvenes no dicen gracias, que odiamos a los viejos, etc. Hay una vaina, yo no creo que los jóvenes odiemos a los viejos en general, creo que los jóvenes odiamos a viejos hijos de la gran puta como él.

¿Por qué eres pedante? ¿Porque tu esposa no te lo da o porque te retiraste? Cual sea la razón no vengas a joder a alguien que no tiene que ver con el lío; con un gramo menos de paciencia le hubiera dicho 3 vainas a ese hijo de puta.

Dejando a un lado lo que le quisiera decir y lo que le deseo al pana, he aquí algo que aprendí hoy:

No importa que tan pedante sea una persona, ignórala, pues si no hay nadie de espectador, él/ella se callará; sin embargo, si hay alguien escuchándolo, se va a creer más de lo que es y va a querer presumir de su susodicha erudición.

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